Jaume se durmió y quedamos los de siempre. Tras decidir que hacia la zona de Riudoms no había esperanza (la riera estaba impracticable), nos fuimos en dirección Montroig. No hubo manera, pues al llegar al vado de la riera de Riudecanyes, tuvimos que rendirnos a la evidencia de que no íbamos a llegar a Montroig.
Tras un amago riera abajo, media vuelta y unos cuantos giros para, cando menos, hacer algo de recorrido antes de almorzar.
En cuanto a lo de almorzar, mi gozo en un pozo: cuando llegábamos al cruce de el Camí dels Matxos con el Camí de Montbrió a Riudoms, empezó a chispear y, tras algún titubeo, nos pusimos los chubasqueros (yo no, pues solo llevaba el cortavientos fino). Y no sabéis lo que empezó a caer de repente... No se veía a 20 metros de lo intensamente que caía agua...
Total, que en los escasos 15 minutos que nos quedaban para llegar al campo, nos pusimos como sopas. Ni almuerzo ni hos... Para casa empapado.
Salí solo y con una intención clara: puesto que cogí la Wild, dar una vuelta rápida y prontito a lo de Juan, a almorzar tranquilamente.
Después de una ruta bastante apañada por Vilaseca, aeropuerto, Almoster y Picarany/Reus, cuando llegué a la riera de Riudoms, en el cruce con el Camí del Roquís, me encontré con la sorpresa a la que hace referencia el título. Y es que, como se ve en el vídeo, ni pensar en atravesarla. De hecho, baje unos cientos de metros por la riba derecha a ver si se podía subir a la carretera, pero en vano...
Al final, hubo que volver hacia Reus, hasta la altura de la Comarcal y volver a Riudoms por la carretera. Y claro, la hora del almuerzo se fué al carajo... Otra vez será.
La novedad fue Jaume que, como un niño con los zapatos nuevos, probó ampliamente las sensaciones sobre mi Wild. Y la verdad es que disfrutó como un niño y le quedó ese gusanillo de ver cuando se compra é una eléctrica...
Tras un buen almuerzo en el Casal de Maspujols, vino el percance del título: de camino a Els Cinc Camins, Jordi se quedó rezagado con Jaume y, tras un rato de espera, no llamaron, pues había novedades. Nada más y nada menos que la horquilla del basculante de la bici de Jordi que, directamente, tenia una de las barras partida...
Tras un apaño de emergencia: una galga de cadena y un rollo de cinta aislante permitieron hacer una especie de férula que, mal que bien, le permitieron llegar a Reus pedaleando... Digo yo que esa bici tien una miaja de gafe.






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